¿A qué edad está un niño realmente preparado para salir solo? ¿Qué reglas establecer para que el niño esté seguro y al mismo tiempo desarrolle su autonomía?
¿Cuándo está un niño lo suficientemente maduro para salir solo?
La edad del niño no es el único criterio; mucho más importante es su preparación emocional y psicológica. El niño está preparado si es capaz de respetar bien los límites claramente establecidos, tomar decisiones básicas por sí mismo y reaccionar adecuadamente ante imprevistos comunes (por ejemplo, qué hacer si se encuentra con un desconocido o si se pierde o se lesiona).
Es importante que el niño conozca el camino a casa desde su entorno habitual, sepa decir o mostrar la dirección de su domicilio o conozca el número de teléfono de uno de los padres. Es necesario enseñarle a distinguir a personas de confianza (policía, una madre con niños) y decirle a dónde acudir para pedir ayuda.
Tu hijo estará preparado para moverse solo fuera cuando puedas ponerte de acuerdo con él y sepas que comprende y respeta tus normas incluso en tu ausencia.
¿Qué dicen la ley y los especialistas sobre que los niños salgan solos?
En general, los padres asumen la plena responsabilidad de sus hijos hasta los 18 años. Según las recomendaciones de los especialistas, los niños suelen empezar a aprender autonomía entre los 7 y los 10 años: primero estancias breves cerca de casa y, gradualmente, trayectos más largos, por ejemplo, hasta la escuela.
Los psicólogos subrayan que no recomiendan un enfoque ni demasiado autoritario ni, por el contrario, excesivamente permisivo. Es fundamental dar al niño un grado de libertad adecuado a sus capacidades y madurez.
Las recomendaciones de otros países (por ejemplo, de Escandinavia) suelen ir en la dirección de confiar más en los niños desde edades tempranas, mientras que en los países del sur, por ejemplo, existe una tendencia a un enfoque más cauteloso.
¿Cómo preparar al niño para sus primeras salidas en solitario?
Empieza por recalcar la seguridad con tu hijo con regularidad: cómo cruzar la calle, evitar lugares peligrosos y cómo comunicarse con personas desconocidas. Practica con frecuencia el recorrido que hará: primero juntos y, después, dale la oportunidad de guiar el camino y comentarlo.
Hazlo de forma gradual: primero deja al niño unos minutos solo delante de casa o en el parque; más adelante, permítele recorrer a pie un tramo corto por su cuenta. Añade cada paso siguiente según cómo haya manejado el anterior.
Establece normas claras, por ejemplo: a qué hora debe volver, con quién puede salir, por dónde exactamente puede ir y qué hacer en caso de problemas. Repásalas con regularidad y comprueba su comprensión con preguntas y conversaciones.
Evita transmitir la información de forma alarmista (no digas que “un desconocido te va a secuestrar”), y más bien explica de manera práctica la importancia y las consecuencias de cumplir las normas. Así el niño aprende no solo seguridad, sino también responsabilidad y capacidad para tomar decisiones por sí mismo.
¿En qué ayuda que el niño salga solo?
Cuando das al niño un nivel razonable de libertad, le ayudas a asumir responsabilidades. Poco a poco va ganando experiencia en la toma de decisiones, lo que refuerza su autoestima. Incluso si comete un error, aprende de él, algo fundamental para un crecimiento personal sano.
La actividad autónoma fuera de casa también es importante a nivel social: el niño entabla nuevas amistades sin la guía de los padres y pone a prueba nuevas reglas de convivencia en grupos de otros niños.
Gracias a ello, los niños adquieren un sentido de competencia (“Soy capaz de manejar la situación incluso sin mis padres”), desarrollan el pensamiento independiente, la creatividad y la capacidad de aprender de sus propias experiencias.
Por el contrario, la falta de autonomía puede hacer que el niño sea más inseguro, ansioso, temeroso y menos independiente en otras áreas de la vida.
¿Cómo minimizar las preocupaciones de los padres y los riesgos de seguridad?
Identifica los riesgos reales y objetivos. Estadísticamente, la mayor preocupación no suele ser el secuestro, sino más bien las lesiones o los accidentes. Enseñemos, por tanto, a los niños a cruzar la calle con seguridad y a comportarse con prudencia en los parques o cerca de las carreteras.
Puedes reducir el miedo de los padres mediante una adaptación gradual: deja que el niño salga primero por períodos cortos y, más tarde, alárgalos según tu criterio.
Aprovecha las tecnologías de seguridad disponibles, como localizadores GPS en relojes para niños o en el teléfono. Esto te permite supervisarlo de forma discreta sin que se sienta bajo un control excesivo.
Permitir la autonomía es importante. Así el niño gana confianza en sus propias capacidades. Tras practicar el recorrido y repasar las normas, puedes probar el primer trayecto realmente en solitario. Repásalo todo, fija el lugar exacto y la hora de regreso y acuerda el modo de comunicación mediante el teléfono móvil o el reloj.
Al regresar, elógialo, escucha sus impresiones, haz preguntas y resuelve las posibles dificultades de forma práctica. De este modo, lo ayudas a aprender a partir de la experiencia.