La baja por maternidad suele percibirse como un periodo feliz e idílico, en el que la mujer por fin baja el ritmo, disfruta de los momentos con su recién nacido y descubre nuevas dimensiones del amor y los cuidados. Sin embargo, para la gran mayoría de las mujeres, con el paso de los meses aparece la sensación de soledad.
No es culpa tuya. Según las investigaciones, hasta 6 de cada 10 mujeres checas experimentan alguna forma de soledad durante la baja. Todas las personas necesitamos contacto social, compartir y comprensión, y el cuidado de un bebé —aunque sea precioso— puede apartarte del mundo cotidiano de los adultos durante muchas semanas.
1. ¿Por qué nos sentimos solas en la baja por maternidad?
a) Qué es la soledad y cómo se manifiesta
La soledad no es solo aburrimiento ni un simple «no hay nadie». Es un estado emocional más profundo en el que sentimos que nos falta contacto social o relaciones de calidad. Una persona puede sentirse sola incluso estando rodeada de gente; por ejemplo, una madre que pasa todo el día con su bebé pero no tiene la posibilidad de charlar con un adulto, abrazar a alguien, ser escuchada o acogida por otra persona adulta.
La soledad es natural y, en cierta medida, la vivimos todos en distintos momentos de la vida. El problema surge cuando este estado se convierte en una sensación prolongada de aislamiento, reduce nuestra energía, alegría y motivación, o incluso empieza a afectar a la salud física. A nivel psicológico, suele ir acompañada de cansancio, irritabilidad, sentimientos de inferioridad o tristeza. Muchas mujeres describen que se han perdido a sí mismas o que se sienten «invisibles».
En las madres en baja por maternidad se suma, además, la obligación de cuidar a otra persona, lo que implica menos tiempo y espacio para una misma, menos contactos sociales y, a veces, menos sueño y bienestar psicológico.
b) Señales típicas de soledad en las madres
Uno de los factores principales es el cambio de ritmo de vida. El trabajo, los intereses y el contacto con otras personas quedan limitados: ahora todo gira en torno al bebé. Especialmente en los primeros meses, los cuidados son intensos y exigen una atención casi constante.
Otra fuente es la llamada pérdida de identidad. De pronto ya no soy la compañera de trabajo, la deportista, el alma creativa... soy, sobre todo, mamá. Pueden pasar meses, a veces años, hasta que una mujer vuelve a encontrarse a sí misma. Además, si no hay amigas o familia cerca que puedan ayudar, la sensación de abandono puede profundizarse.
La rutina también desempeña un papel importante. El día a día —dar de comer, cambiar pañales, dormir al bebé— puede volverse estereotipado y monótono. Y no siempre hay con quién compartir los momentos divertidos o difíciles, porque la pareja suele estar trabajando y los amigos tienen otras preocupaciones.
Por último, influye también la presión social. «La maternidad es la etapa más bonita de la vida». Si tu experiencia no es de cuento, quizá sientas vergüenza o culpa al compartir emociones difíciles.
c) Aspectos psicológicos y sociales
La soledad intensifica los bajones emocionales y puede ser el primer aviso de problemas más serios, como la ansiedad o la depresión posparto. Al mismo tiempo, es importante entender que el mero contacto con otras personas no siempre es un remedio automático. No se trata solo de cantidad, sino sobre todo de la calidad de las relaciones.
2. No estás sola y la soledad no es debilidad
La importancia de compartir y de los grupos de apoyo
Uno de los remedios más eficaces contra la sensación de soledad es compartir. Puede que te parezca que solo te pasa a ti, pero la realidad es que muchas otras madres se enfrentan a las mismas dudas y emociones. Estar en compañía de mujeres en la misma etapa vital puede aportar alivio.
Los espacios de juego y los parques son ideales para hacer nuevos contactos: tu hijo juega con otros y tú puedes empezar con una charla informal con las demás personas cuidadoras. Quizá la próxima vez os volváis a ver y podáis retomar la conversación.
3. Tiempo solo para mí
a) ¿Por qué es esencial tener tiempo para una misma?
Uno de los mayores retos de la maternidad es el posponer constantemente las propias necesidades en favor del bebé. Sin embargo, estar siempre «en alerta» no es sano a largo plazo. Necesitas no solo descanso físico, sino también mental: estímulos intelectuales, aficiones propias y tiempo que dediques solo a ti.
Los psicólogos señalan que, para sentirte realizada, prevenir el síndrome de desgaste y mantener el equilibrio emocional, conviene hacer con regularidad algo solo para ti. Incluso breves momentos para ti aumentan la sensación de felicidad, la energía y reducen la frustración o la soledad. Date ese lujo sin culpas.
b) Cómo manejar las «culpas de mamá»
A muchas madres les pesan culpas internas — la sensación de que cada segundo dedicado a una misma está mal. ¿La realidad? Mamá feliz = bebé feliz y familia feliz. Olvida la idea de que debes estar siempre para los demás. Si quieres llevar la maternidad con alegría, necesitas esos ratos para reiniciar. Explícale a tu entorno que ese tiempo para ti también es por ellos — y compruébalo por ti misma!
4. Relaciones que curan: cómo cuidar la pareja, la familia y las amistades
a) Comunicación con la pareja y reparto de los cuidados
La baja por maternidad, especialmente tras el primer hijo, supone una enorme carga no solo para la madre, sino para toda la relación de pareja. A menudo te conviertes en la cuidadora principal no solo del bebé, sino también del hogar, y tu pareja pasa a ser más bien un ayudante. La clave es una comunicación abierta, concreta y amable sobre cómo te sientes de verdad.
No temas pedir ayuda cuando ya no puedes más. Repartid los cuidados de forma justa. Incluso breves momentos juntos «como pareja» (una película, un café, un paseo) sientan la base de una convivencia satisfactoria. Si puedes, planifica al menos una cita de vez en cuando y hablad también de temas que no sean los hijos.
b) No perder el contacto con los amigos
Las amistades cambian tras el nacimiento del bebé — algunas permanecen, otras se alejan. Para mantener los vínculos, intenta programar llamadas periódicas o al menos mensajes. También es bueno abrirte a amistades sin hijos: a veces su perspectiva adulta te ayuda a desconectar de los cuidados.
Consejo: si alguna amistad se ha enfriado, intenta escribir tú primero. Puede que al otro lado haya pensamientos similares y baste con romper el hielo con un saludo o una invitación...
c) Involucrar a la familia extensa en los cuidados y en la diversión
Abuelas, abuelos, tías, tíos, amigos, hermanos — la red familiar puede ser un gran apoyo. Por ejemplo, cuando necesitas que alguien cuide del bebé. Si vives lejos de la familia, aprovecha también el contacto virtual y llama a tus seres queridos.
La maternidad es un camino. Y es normal sentir, de vez en cuando, soledad o dudar de si lo estás haciendo bien. La soledad durante la baja por maternidad no es debilidad ni algo excepcional. Es un llamado al contacto, al compartir y al apoyo.
Permítete sentir todas las emociones, incluida la fatiga o la frustración. No dudes en reservar tiempo para ti, buscar y crear nuevas amistades, y cuidar la pareja y las relaciones.