Cada pelota tiene una superficie única (protuberancias pequeñas y grandes, acanalado, ranuras, “erizo”) que estimula el tacto y la curiosidad del niño.
La paleta de colores y las diferentes formas motivan a nombrar colores, distinguir formas y primeros conteos: de forma divertida y natural.
Las pelotas son aptas para jugar en seco y en el agua. Las texturas son ideales para un suave masaje de manos y pies y aportan calma.
Las pelotas sensoriales de distintos colores y superficies favorecen el desarrollo natural del niño. Al jugar —lanzar, atrapar y rodar— los niños practican la coordinación de movimientos, fortalecen los deditos y descubren nuevos estímulos táctiles. Las texturas (protuberancias, acanalado, ranuras) invitan a explorar y aumentan la concentración.
Las pelotas son excelentes para el aprendizaje de colores, conteo y reconocimiento de formas. Las diferentes estructuras también sirven para un suave masaje que relaja y ayuda a dormir mejor. Gracias al material resistente, los niños las disfrutarán también en la bañera: cada baño será más divertido.