Estos cubos de plástico ayudan a los más pequeños a mejorar la coordinación y la motricidad al derribar y construir torres. También les ayudan a comprender el principio de causa y efecto.
En los niños mayores, al armar las imágenes, desarrollan la fantasía, la orientación y el pensamiento lógico. Además, motivan a contar historias, lo que fomenta la creatividad y las habilidades lingüísticas.