El aburrimiento en los niños puede poner a prueba a casi todos los padres. El niño deambula por la casa, no sabe qué hacer, se queja de que está aburrido o pone a prueba la paciencia de los padres con todo tipo de travesuras. El aburrimiento prolongado o frecuente también puede afectar negativamente al desarrollo infantil, al estado de ánimo y a las relaciones en la familia. Por otro lado, es importante recordar que un aburrimiento ocasional no le hará daño al niño; al contrario, puede fomentar la imaginación y la creatividad.
¿Por qué aparece y por qué es necesario abordarlo?
¿Qué significa realmente cuando un niño dice que se aburre? El aburrimiento es una sensación específica de desinterés, pérdida de motivación y malestar general causada por la falta de estimulación adecuada. Los niños son especialmente sensibles a esta sensación. Se debe a su gran necesidad natural de actividad, nuevos estímulos e interacción intensa con el entorno.
La causa más común del aburrimiento suele ser la rutina. Especialmente cuando el niño pasa tiempo en el mismo entorno (casa, guardería, escuela), con los mismos estímulos, juguetes o actividades una y otra vez. El aburrimiento también surge en situaciones en las que el niño está sobrecargado con un exceso de actividades dirigidas o con un tiempo demasiado organizado. Aquí, paradójicamente, aparece la frustración causada por la imposibilidad de elegir actividades por sí mismo.
¿Cómo prevenir el aburrimiento?
Lo primero es mantener el equilibrio entre el tiempo organizado y el tiempo libre. Además de un horario estable y actividades planificadas, el niño debe tener suficiente espacio para jugar libremente, experimentar y probar cosas de forma espontánea.
También es práctico asegurar un cambio regular de entorno, por ejemplo con paseos por la naturaleza, excursiones por los alrededores o simplemente cambiando el espacio en el que pasa el tiempo. Así el niño recibe nuevos estímulos importantes que evitan la sensación de rutina y monotonía.
Es importante hablar abiertamente con los niños sobre el aburrimiento. Enseñémosles a percibir esta sensación como una señal natural que dice: «necesito estímulos, necesito cambiar algo». Enseñemos al niño a abordar activamente sus propias emociones y a participar en idear actividades. También son de gran ayuda los juguetes de calidad, que desarrollan al niño de forma natural, lo entretienen y, al mismo tiempo, cuidan su desarrollo físico y mental. Los juguetes Montessori, los kits creativos o los juegos de mesa son herramientas ideales para la prevención
¿Qué hacer cuando el niño empieza a aburrirse?
Si perteneces al grupo de padres a los que les asusta la frase: «¡Me aburro muchísimo!», no estás solo. ¿Cómo reaccionar correctamente? Ante todo, evita soluciones rápidas y automáticas: por ejemplo ponerle al niño un teléfono o una tableta en la mano, encender la televisión o soltar una orden del tipo «¡pues haz algo!». Es necesario recordarle al niño que el aburrimiento es una emoción totalmente natural que todos, incluidos los adultos, experimentan a veces. Con eso lo calmas y, al mismo tiempo, lo ayudas a aprender a entender sus sentimientos.
El primer paso importante es responder con empatía: «Ajá, te entiendo. Veo que ya nada te entretiene. ¿Por qué crees que te pasa esto ahora?». Si el niño percibe que realmente te interesas, se abrirá más fácilmente y empezará a hablar de sus sentimientos. La escucha activa es clave: el niño necesita sentir que sus problemas no les son indiferentes a sus padres. Esta sencilla estrategia a menudo conduce a que el niño por sí mismo encuentre ideas para resolver la situación o, al menos, se calme.
El segundo paso es que puedes ayudarle con propuestas concretas, sin imponer una única actividad. No le des al niño una larga lista de tareas que hacer; limítate a sugerir brevemente algunas opciones:
- «¿Qué te gustaría hacer ahora?»
- «¿Se te ocurre algo que valga la pena probar?»
- «Mira, vamos a intentar inventar algo genial juntos. A ti y a mí se nos ocurren cosas, así que veamos quién llega con la mejor idea.»
- «¿Hay algo que llevas tiempo planeando pero por algún motivo aún no has probado?»
- «Podemos intentar construir una cabaña con mantas, sacar los juegos de mesa o, ¿preferirías hacer alguna manualidad? ¿Qué crees que sería lo mejor?»
No olvides que la elección final de la actividad se la dejas al niño. Así le permites sentir que tiene las cosas bajo control y, al mismo tiempo, lo guías hacia la autonomía.
En resumen, cuando tu hijo sienta aburrimiento, no te desesperes. Recuerda que una respuesta adecuada a la frase «me aburro» puede ser una oportunidad para pasar tiempo juntos. Si aprendes a reaccionar de forma constructiva, empática y tranquila, ayudas a tu hijo no solo a resolver la situación puntual, sino también a adquirir valiosas habilidades de autonomía y gestión eficaz de los estados emocionales.