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¿Qué hacer si el rendimiento de tu hijo en la escuela ha empeorado?

¿Por qué a tu hijo le ha dejado de ir bien en la escuela, qué puedes hacer al respecto y cómo reaccionar adecuadamente como padres? Se trata de un problema que por lo general afecta a toda la familia y requiere un enfoque sensible, sistemático y sereno.

Todos deseamos que nuestro hijo tenga éxito, sobre todo en la escuela. Cuando los resultados escolares empeoran de repente, puede ser señal de problemas. Es importante entender que un rendimiento más bajo no es, ni mucho menos, solo consecuencia de la desidia o la pereza del niño. Muy a menudo el problema tiene causas más profundas, que pueden ser pedagógicas, psicológicas o incluso de índole sanitaria y social.

¿Cómo reconocer una bajada del rendimiento escolar?

El descenso de los resultados escolares rara vez aparece de forma totalmente repentina. A menudo es un proceso gradual que comienza con señales sutiles. Si detectas estos signos a tiempo, puedes evitar un empeoramiento mayor. El niño puede, por ejemplo, empezar a evitar los deberes, quejarse de la escuela, mostrar desmotivación o incluso negarse a asistir. Por eso, el primer paso es observar con atención su conducta y sus reacciones.

Otra señal puede ser un cambio repentino en la comunicación. Si antes hablaba abiertamente sobre la escuela y ahora de pronto está más reservado o irritable, es un indicio. Este cambio puede estar relacionado con nuevas exigencias, relaciones no resueltas en el aula, nuevo personal, compañeros o la frustración por un fracaso.

Cuando notes cambios, intenta primero iniciar una conversación con tu hijo. También puedes preguntar al tutor o maestro. Los docentes, que pasan mucho tiempo con el niño, a menudo son capaces de identificar el problema antes que los padres. Pueden señalarte asignaturas concretas, contenidos o incluso particularidades relacionales en el aula.

Causas más frecuentes del descenso del rendimiento

Muchos padres piensan que la causa de la bajada de notas es la pereza o la resistencia del niño a estudiar, pero la realidad suele ser mucho más compleja. Entre las causas habituales se encuentran, sobre todo:

  • Exigencias escolares más altas: cambiar de escuela, pasar a un ciclo superior o a la educación secundaria suele ser una causa frecuente de descenso del rendimiento. 
  • Problemas en el grupo y acoso escolar: si el niño no se siente seguro y a gusto en clase, esto puede afectar significativamente su capacidad de aprender. 
  • Dificultades específicas de aprendizaje: dislexia, disgrafía, discalculia y otras dificultades de aprendizaje suelen llevar a la frustración del niño, que, a pesar de su gran esfuerzo, no logra ponerse al nivel de sus compañeros.
  • Causas de salud y psicológicas: depresión, ansiedad, problemas de concentración (TDAH), problemas de salud crónicos e incluso dificultades familiares; todo ello influye en el rendimiento del niño en la escuela.

¿Cómo comunicarte con tu hijo y con la escuela?

A la hora de buscar soluciones, lo fundamental es la comunicación. Deberíamos hablar con el niño de forma abierta y sin reproches, haciéndole ver que queremos ayudarle. Un buen consejo es comenzar la conversación en positivo. Pregúntale qué le gustaba antes y qué necesitaría para que le fuera mejor. Evita los reproches o los gritos, ya que podrían complicar aún más la resolución del problema.

Programa una reunión con el tutor o con el orientador escolar. Intenta averiguar cómo perciben ellos la situación y qué recomendaciones tienen. No dudes en recurrir a ayuda externa, ya sea clases de refuerzo, un gabinete psicopedagógico u otros profesionales que puedan ayudaros a ti y a tu hijo a superar las dificultades con mayor eficacia.

Consejos prácticos para ayudar a tu hijo a mejorar su rendimiento

Puedes ayudar a tu hijo, ante todo, creando un entorno de estudio en casa tranquilo. Estableced una rutina diaria de estudio claramente delimitada. También es importante la preparación conjunta: revisad el horario, materiales, libros, cuadernos y tareas, las fechas de exámenes y ayúdale a planificar el estudio. 

Si el descenso del rendimiento se debe a una dificultad específica de aprendizaje, no pospongas la visita a un especialista: cuanto antes intervenga un profesional, mejor para el niño.

Si el rendimiento de tu hijo ha empeorado, no entres en pánico. Aumentar la presión y la carga emocional solo complica la situación. Intenta centrarte con calma en comprender las causas y ayuda a tu hijo de forma progresiva.