¿Es tu realidad preparar con esmero una papilla que termina en cualquier sitio salvo en la barriguita de tu bebé? El rechazo a las papillas y a los alimentos nuevos es un problema muy extendido por el que pasa la mayoría de madres y padres. Si el niño se niega a probar cualquier cosa nueva, a menudo se asocia con la frustración de los padres por su saciedad y su salud.
Los niños suelen empezar a rechazar las papillas o los alimentos nuevos alrededor de los 6 meses de edad y, a veces, este periodo se prolonga hasta los dos o tres años. Hasta un 40 % de los niños de este grupo de edad atraviesa una etapa de neofobia alimentaria, es decir, miedo a los alimentos nuevos.
Es importante mencionar que rechazar la comida y las papillas no tiene por qué significar problemas de salud o psicológicos; a veces es solo una etapa del desarrollo que con el tiempo desaparece por sí sola. Cada niño se desarrolla a su propio ritmo y tú, como madre o padre, puedes probar muchas cosas para que esta etapa transcurra con mayor facilidad.
¿Cuándo y por qué los niños rechazan las papillas y los alimentos nuevos?
Los niños nacen con una preferencia natural por los sabores dulces y suaves: la leche materna, su primer alimento, es dulce y agradable. Al introducir los alimentos complementarios, el bebé entra en un mundo completamente nuevo de sabores, aromas y texturas, lo que puede provocar miedo y rechazo. A esto se le llama neofobia alimentaria y es una protección natural frente a la ingesta de algo potencialmente peligroso.
Las razones fisiológicas del rechazo a las papillas pueden incluir la erupción de los dientes acompañada de encías doloridas, el cansancio, el reflujo o las náuseas. Algunos niños pueden ser más sensibles y reaccionar rechazando las nuevas texturas o los sabores intensos. En cualquier caso, consulta con el pediatra para descartar problemas de salud más serios detrás del rechazo a la comida.
Entre los aspectos psicológicos destaca la necesidad de autonomía del niño. Entre 1 y 3 años, el niño experimenta una mayor necesidad de controlar su mundo; al rechazar la comida, demuestra su voluntad y autonomía. También influye la fuerza de la costumbre. El niño a menudo rechaza las novedades porque se siente más seguro en un entorno familiar.
Errores más frecuentes de los padres al introducir los alimentos complementarios
Uno de los errores más comunes es introducir los alimentos nuevos a un ritmo demasiado rápido. El niño necesita tiempo para aprender a consumir un alimento nuevo. A menudo hacen falta 10–15 exposiciones antes de que el niño se acostumbre.
Muchos padres también ponen el foco en la cantidad de comida ingerida, lo que acaba generando estrés tanto en el niño como en ellos. Otro error es crear condiciones poco adecuadas, como ver la televisión durante la comida, para que el niño “coma mejor”. Esta estrategia puede aportar alivio a corto plazo, pero a largo plazo fomenta hábitos poco saludables y dependencia de las distracciones.
Un gran problema es centrarse en exceso en qué come el niño. El niño es sensible a las emociones de sus padres y, cuanto más cargada esté la situación emocionalmente, más rechazará la comida.
Cómo proceder correctamente
Por lo general, se recomienda iniciar la introducción de los alimentos complementarios alrededor de los 6 meses de edad del bebé, de manera gradual y pausada. Empieza con verduras de un solo ingrediente y ve incorporando poco a poco otros alimentos.
Según las recomendaciones generales, las papillas deben prepararse sin azúcar ni sal añadidos e idealmente cocidas al vapor, para conservar vitaminas y minerales importantes.
Procura evitar forzar a comer; mejor ofrece el alimento de manera repetida.
La clave del éxito es la paciencia y ofrecer repetidamente el alimento. Mantén intervalos regulares en los que ofreces la comida al niño. Idealmente, en un entorno tranquilo.
Te deseamos mucha paciencia y recuerdos llenos de alegría al descubrir nuevos sabores con tu bebé.