Los principales factores por los que la mayoría de los niños tiene actualmente sobrepeso son una composición y cantidad inadecuadas de la alimentación junto con la falta de actividad física regular. Un problema típico es el exceso de dulces, aperitivos poco saludables y bebidas endulzadas con azúcar.
La insuficiente actividad física también desempeña un papel central. Hoy en día los niños suelen pasar demasiado tiempo frente al televisor, el móvil o la tableta y se mueven muy poco. Entre los factores importantes están los factores psicológicos. Comer por emociones y los atracones puntuales pueden ser una reacción del niño al estrés o a problemas afectivos.
¿Cómo comunicarse con sensibilidad con su hijo sobre su peso?
Tengan en cuenta que el niño a menudo percibe que es diferente de sus compañeros, ya sea por su aspecto o por su condición física. Esto, por sí solo, influye mucho en sus emociones y su autoestima.
Eviten expresiones negativas, como 'gordo', 'rellenito' o 'perezoso'. Usar etiquetas de este tipo solo empeora la situación y puede generar un bloqueo psicológico profundo. En su lugar, adopten un enfoque positivo: hablen de salud, fuerza, condición física y energía.
Fundamentos de una alimentación saludable
Cuando decidan abordar el sobrepeso de su hijo, es clave ajustar la alimentación no solo para él, sino para toda la familia. Los niños adoptan los hábitos alimentarios del hogar y ustedes son su mayor ejemplo. La clave no es una dieta, sino una alimentación adecuada y equilibrada que le aporte todos los nutrientes importantes.
Intenten garantizar un esquema regular de cinco comidas pequeñas al día. Eviten las prohibiciones estrictas de ciertos alimentos; mejor ajusten las cantidades y ofrezcan alternativas con menos azúcar y grasa. Idealmente, no compren para la casa refrescos azucarados, golosinas ni aperitivos salados.
Concéntrense en la variedad de la dieta. Cada día el niño debería comer verduras y frutas, productos integrales, proteínas de calidad y grasas saludables (aguacate, pescado, semillas). Si rechaza ciertos alimentos, prueben distintas formas de preparación: hornear, hervir, estofar. Implementen los cambios de manera gradual.
¿Cómo incorporar de forma natural más actividad física en la vida de los niños?
Elijan actividades adecuadas a la edad del niño. A los más pequeños les encantan los juegos de movimiento, saltar en la cama elástica, los paseos por la naturaleza, así como la natación y el ciclismo. Con los mayores pueden ayudarles a elegir juntos un club deportivo o una actividad que les interese; por ejemplo, baile, patinaje o cualquier cosa que hagan con gusto y de manera voluntaria.
Es importante crear pequeñas oportunidades cotidianas para moverse. Vayan a pie o en bicicleta al colegio, salgan por la tarde a pasear con el perro, jueguen a juegos de pelota en el jardín: incorporen todo eso a la vida diaria de toda la familia. De nuevo, intenten implementar los cambios de forma gradual y en el ámbito de toda la familia. Procuren pasar el tiempo libre y los fines de semana de manera activa.
Un cambio gradual de rutinas, una alimentación regular y una actividad física sensata, adaptada al niño, junto con el apoyo positivo de toda la familia, son los factores del éxito a largo plazo. No hacen falta dietas extremas ni logros deportivos; basta con elegir de manera constante cambios pequeños, sostenibles y duraderos. Por la salud de su hijo, los padres deberían estar dispuestos a ser ellos mismos un ejemplo positivo.