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¿Qué cambiar en la habitación infantil cuando el niño empieza la escuela?

El primer día de escuela no trae cambios solo al horario. También influye de forma decisiva en cómo el niño pasa el tiempo en casa: cómo se concentra, descansa y juega. Si el niño va a empezar primero de primaria, es el momento ideal de transformar su habitación para que se adapte a las nuevas necesidades. No hace falta una gran reforma. Bastan unos cuantos ajustes bien pensados que ayuden al niño a afrontar los nuevos retos escolares. 

Rincón de estudio como base

Un niño en primero de primaria necesita un espacio propio para estudiar donde se sienta a gusto y no tenga distracciones. La altura de la mesa y la silla es clave: si los pies cuelgan en el aire o el niño se encorva, la concentración baja rápidamente. Lo ideal es el mobiliario evolutivo, pero incluso una mesa normal puede adaptarse con un cojín elevador o un reposapiés.

La iluminación es otro elemento esencial: luz natural lateral (para diestros, desde la izquierda) y una lámpara de escritorio complementaria con un tono más cálido. El niño también necesita interiorizar un ritual: “Aquí estudio, aquí juego”. Ayuda cuando el rincón de trabajo está claramente separado del resto de la habitación, idealmente también de forma visual (alfombra, estanterías, color de la pared).

El sueño y el descanso

Se sigue mejor la rutina nocturna si la zona de descanso es visualmente tranquila: colores suaves, el mínimo de juguetes en la cama y ninguna luz parpadeante. El colchón debe ser firme pero cómodo, idealmente transpirable.

Para conciliar el sueño ayudan las luces nocturnas de luz suave o los proyectores de cielo estrellado, que calman al niño y favorecen el adormecimiento.

Cuando aparecen los cuadernos, lápices de colores, estuches, libros de texto…

El preescolar quizá tenía un solo cajón para los lápices de colores. El escolar necesita un sistema. Primero de primaria trae cuadernos, dibujos, material de plástica, libros y carpetas. Para que no se pierdan o se amontonen, es necesario crear una estructura organizativa clara.

Funcionan muy bien las estanterías bajas con cajas a las que el niño pueda llegar por sí mismo. Para guardar pequeños objetos son excelentes los organizadores colgantes para la pared o la cama. También merece la pena instaurar la norma: “Cada cosa en su lugar”.

Seguir siendo niño incluso con la rutina escolar

Empezar la escuela no significa el fin del juego. Al contrario: para los escolares, el juego libre es clave para desconectar y liberar el estrés escolar. Por eso debería quedar en la habitación un espacio donde el niño pueda construir, crear o simplemente “estar”.

Funcionan muy bien las alfombrillas de juego, mesitas bajas para manualidades o cajas con juguetes a las que el niño pueda acceder fácilmente. Lo importante es que la zona de juego no entorpezca el estudio, pero que tampoco quede totalmente apartada.

Crece no solo el niño, sino también sus necesidades

La habitación del escolar no es un proyecto cerrado. Durante el primer año a menudo descubrirás que algo no funciona: la mesa se queda pequeña, el espacio de almacenaje es insuficiente o el rincón de juego está demasiado cerca del de estudio.

Por eso conviene pensar en la modularidad. Muebles que puedan reconfigurarse. Cajas que encajen en distintas estanterías. Un escritorio con ajuste de altura. Incluso de una librería sencilla se puede hacer un biombo o una pared de almacenaje.

No hace falta comprarlo todo de golpe. Basta con empezar por lo básico e ir añadiendo según las necesidades reales. La flexibilidad te ahorrará nervios y también dinero.

Transformar la habitación es una preparación práctica y psicológica para la nueva etapa de la vida del niño. Le ayuda a concentrarse, a calmarse, a orientarse entre sus cosas y, al mismo tiempo, a conservar la alegría de jugar y crear.

En la mayoría de los casos bastan unos pocos cambios concretos que influyen de forma notable en el día a día. Y lo más importante: involucra al niño en estos cambios. Que adapte la habitación a sí mismo.