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Métodos eficaces para manejar las rabietas infantiles

Estás en medio del supermercado, tu hijo empieza a gritar y llorar de forma incontrolable y se niega a moverse del sitio. O estás en casa y, de repente, el ambiente aparentemente tranquilo se transforma en una escena turbulenta acompañada de lágrimas, gritos e incluso patadas. Sí, son rabietas, algo con lo que se encuentra casi cualquier madre o padre de niños de entre uno y cinco años.

Enfadarse es una manifestación completamente natural. A cierta edad, el niño aún no sabe expresar sus emociones con palabras y por eso se apoya en su cuerpo – gritando, llorando o con movimientos incontrolados. A veces estas explosiones emocionales son tan intensas que los padres se preguntan qué están haciendo mal y cómo manejar la situación. 

Por qué el niño tiene rabietas

Para manejar el enfado del niño, tenemos que entender de dónde surge. Entre el primer y el tercer año, el niño atraviesa un período en el que desarrolla intensamente su propia identidad y trata de imponer su voluntad. Cuando no lo consigue, se frustra y reacciona con una rabieta.

Desde el punto de vista emocional, el enfado es un sentimiento muy confuso para el niño. No sabe lo que significa estar frustrado o sobrecargado, pero justamente eso es lo que siente. Necesita ayuda de su entorno para identificar lo que está experimentando y cómo responder.

Otro aspecto importante son los factores fisiológicos. El hambre, el cansancio o la falta de sueño pueden desempeñar un papel clave. Si tu hijo estalla en rabietas siempre a la misma hora, probablemente se deba a estas necesidades.

Y, por último, existen causas externas del enfado: el aburrimiento, la incomprensión del entorno y la falta de atención.

Cómo reconocer las primeras señales de una rabieta y responder adecuadamente

Es importante no esperar a que el enfado estalle por completo. Observa a tu hijo. Algunos niños empiezan a moverse inquietos, a morderse los labios o a apretar los puñitos antes del estallido de ira. Identificar estas señales y reaccionar ante ellas ayuda a prevenir la rabieta.

Si aparece una «señal de aviso», intenta responder con empatía. Di con calma algo como: «Veo que no te gusta tener que esperar; ahora vamos a esperar un momento juntos». Así le haces saber al niño que le comprendes y, al mismo tiempo, estableces límites.

Ante las primeras señales de enfado, también puede ser útil cambiar de actividad por un momento o desviar la atención del niño hacia otra cosa.

Errores más comunes de los padres al manejar las rabietas infantiles

Evita que tú mismo te dejes arrastrar por el enfado y empieces a gritar o a amenazar. Esa reacción solo refuerza en el niño un patrón de conducta negativo y desencadena un estallido aún más intenso.

Otro error común son las concesiones. Por desgracia, con ello enseñamos al niño que la rabieta es una herramienta eficaz para lograr lo que quiere.

Ignorar la rabieta tampoco es una solución adecuada. El niño se siente solo, no entiende sus emociones y no aprende a gestionarlas.

La respuesta ideal es, por tanto, la consistencia con amabilidad

Mantener la calma y la serenidad ante las rabietas de los niños es uno de los mayores retos de la crianza. Brinda al niño un apoyo lleno de cariño y, a la vez, establece límites claros. Ayúdalo a desarrollar estabilidad emocional para facilitarle los siguientes pasos en la vida. ¡Ánimo!