A menudo sucede que, en algún momento, los niños pierden las ganas de aprender, esquivan las tareas y, en lugar de curiosidad, en su rostro se instala la frustración o la indiferencia. ¿Por qué pasa? ¿Y qué puedes hacer para apoyar su autonomía y su responsabilidad con la escuela?
Las respuestas no son sencillas: la motivación del niño para aprender es un proceso complejo, influido por su mundo interior, el entorno familiar y también por las condiciones de la escuela.
1. Comprender la motivación infantil
La motivación es la fuerza que nos impulsa a actuar, nos da ganas y energía para superar obstáculos, alcanzar metas y aprender cosas nuevas. En los niños, la motivación por aprender es una parte clave de un desarrollo saludable. Sin motivación, el niño aprende solo «porque tiene que hacerlo», lo que conduce a conocimientos de corta duración, rechazo a la escuela y pérdida de la alegría.
Los especialistas distinguen entre motivación intrínseca (el niño desea explorar por iniciativa propia, algo le interesa) y motivación extrínseca (actúa de cierta manera por una recompensa, un castigo o la presión del entorno). Para el desarrollo a largo plazo, lo más importante es fomentar la motivación intrínseca. En los niños, no obstante, ambos tipos suelen entrelazarse.
El desarrollo del niño influye de forma decisiva en cómo vive la motivación en cada etapa. Los bebés y los preescolares tienen un deseo natural de explorar el mundo: todo a su alrededor es nuevo y fascinante. Cuando el niño empieza la escuela, su motivación puede cambiar: aparecen la presión por el rendimiento, las comparaciones con los compañeros o la decepción ante los fracasos.
¿Por qué, entonces, algunos niños van a la escuela con alegría y otros no? A menudo lo determina el estado de su motivación interna: hasta qué punto pueden participar de forma autónoma en distintos juegos, elegir materiales o decidir cuándo y qué deberes harán. La motivación no es un rasgo innato: es una habilidad que se puede desarrollar.
La motivación intrínseca significa que el niño hace algo porque lo considera con sentido o divertido. Puede ser la alegría de descubrir, el orgullo por dominar una nueva destreza, el interés por un tema concreto o la curiosidad. La motivación extrínseca es el proceso por el cual el niño cumple tareas por una recompensa (elogios, un dulce, un juguete nuevo) o por miedo al castigo (gritos, prohibición de ver la tele, mala nota).
Conviene recordar que la motivación extrínseca no es en sí dañina: en cierta fase del desarrollo es necesaria y suele funcionar como un puente transitorio hacia la motivación interna. Sin embargo, muchos padres se apoyan en la motivación externa durante demasiado tiempo y el niño a menudo ni siquiera llega a la interna.
Con la edad crece la importancia del grupo de iguales: los compañeros y amigos influyen en la actitud del niño hacia la escuela. La pubertad y la adolescencia son etapas en las que la motivación está fuertemente influida por las emociones y por la oposición a las figuras de autoridad.
Las diferencias en la motivación se deben no solo al temperamento, sino también al entorno en el que el niño crece. Los niños que viven confianza y seguridad en casa mantienen las ganas de aprender durante más tiempo. Por el contrario, la presión constante, las comparaciones o los reproches inadecuados apagan su interés.
Para los padres, esto implica sobre todo responsabilidad: crear una atmósfera en la que el niño no tema equivocarse.
2. Cómo motivar al niño en casa
Los niños aprenden sobre todo por imitación. Si los adultos muestran curiosidad, se alegran con las cosas nuevas y saben entusiasmarse, esa «ganas de aprender» se contagia al niño. La relación con la escuela y el aprendizaje también se forma principalmente en casa. No hace falta ser perfecto ni saberlo todo. Lo importante es mostrar interés, no tener miedo a equivocarse delante del niño y enseñar que aprender no es un «mal necesario», sino una fuente de alegría y satisfacción. Lean juntos, conversen sobre las preguntas que les surjan, miren documentales o resuelvan acertijos.
Apoya a tu hijo con un buen entorno donde pueda concentrarse. Un escritorio con buena iluminación, una cama de calidad y un espacio para jugar son importantes. También lo es disponer de momentos de calma y silencio para enfocarse.
Fomentar la autonomía es uno de los aspectos más importantes de la motivación. Según su edad, el niño debería tener la oportunidad de planificar parte de sus obligaciones, organizar su trabajo y dividir una tarea grande en pasos más pequeños, etc.
Como adulto, ayuda más con preguntas que con consejos: «¿Cómo te gustaría hacerlo?» o «¿Qué te está saliendo bien? ¿Qué cambiarías?».
3. Materiales y actividades adecuadas para impulsar la motivación
Distintas actividades o juguetes didácticos ayudan al niño a entrenar y desarrollar diversas habilidades , ya sea lógica, motricidad fina, lenguaje, matemáticas o imaginación, y lo hacen de forma natural y no forzada. Un material o actividad bien elegidos pueden ser para el niño un auténtico puente entre el juego y el aprendizaje.
Entre las actividades ideales se encuentran, por ejemplo:
- Construcción de maquetas, rompecabezas o estructuras 3D
- Cocinar o hornear
- Jardinería (observar el crecimiento, contar semillas, llevar un diario)
- Jugar a la tienda, a la oficina de correos o al médico (comunicación, resolución de problemas, matemáticas)
- Experimentos con agua, «experimentos» científicos y física sencilla en casa
- Diversos juegos de mesa centrados en vocabulario, lógica o agudeza
- Excursiones a la naturaleza con actividades de observación o recolección (piedrecitas, castañas, etc.)
La tecnología forma parte del mundo de los niños de hoy tanto como los libros y las construcciones. Eligiendo aplicaciones de calidad, juegos digitales o cursos en línea puedes acercarle a tu hijo incluso temas complejos de forma amena. Entre las apps populares están Duolingo (idiomas), Khan Academy (matemáticas y ciencias), Scratch y Code.org (nociones de programación), además de diversos juegos lógicos para tablet. No obstante, las herramientas didácticas digitales no deberían sustituir el aprendizaje físico, sino complementarlo.
4. Rutina, organización del tiempo y motivación
Los niños que mantienen regularidad en sus responsabilidades se concentran y descansan mejor. Un sistema de estudio también ayuda a reducir el estrés: el niño sabe cuándo hará los deberes, cuándo es tiempo de jugar y cuándo puede descansar. La sistematicidad es una forma de prevenir la procrastinación y de dejar todo para última hora.
Te recomendamos reservar bloques de la tarde para estudiar, seguidos por lo general de tiempo para jugar y moverse. Los niños mayores deberían llevar su propia agenda u horario.
5. Trabajar con los errores
El miedo al fracaso suele nacer de experiencias en casa donde se pone demasiado énfasis en el rendimiento y en un resultado impecable. En la práctica, esto significa: nunca descalifiques al niño por un fallo puntual. Explícale que ni los adultos aprenden las cosas a la primera.
Convierte el error de un tabú en un tema cotidiano. Ayuda al niño a analizar sus errores. Pregunta: «¿Qué probarías diferente la próxima vez?». El objetivo no es el perfeccionismo, sino la capacidad de no rendirse y seguir adelante con la cabeza en alto.
6. Errores más comunes de los padres y cómo evitarlos
Uno de los errores más frecuentes es ejercer una presión inadecuada: grandes expectativas, comparaciones constantes o exigencia de impecabilidad suelen desmotivar, generar ansiedad y rechazo. Un niño no es un adulto en miniatura: su ritmo y su estilo de aprendizaje no siempre coinciden con nuestras ideas. Recuerda: el reconocimiento llega por el progreso, no por un resultado perfecto. Intenta no amenazar ni recurrir a castigos innecesarios por malas notas o por ir a un ritmo más lento.
No sobrecargues al niño. Demasiadas actividades extraescolares, demasiados deberes o expectativas poco realistas pueden resultar agotadores. Parte de la motivación consiste en enseñar a los niños a descansar bien y a planificar tiempo no solo para las obligaciones, sino también para jugar y hacer deporte.
No intentes ser perfecto/a. Busca con tu hijo nuevas vías, celebra junto a él los logros y no temas equivocarte.