Los dulces están prácticamente por todas partes a nuestro alrededor y a veces es difícil resistirse a la mirada de un niño. Aun así, está claro que el consumo descontrolado de golosinas no beneficia a los niños.
El objetivo de este artículo es ofrecerle información completa sobre el papel que tienen los dulces en el desarrollo de sus hijos, cómo ajustar adecuadamente su consumo, por qué es importante limitarlos y cómo fomentar de forma eficaz en los niños hábitos alimentarios más saludables.
¿Por qué les gustan tanto los dulces a los niños?
Es completamente natural que a los niños les encante el sabor dulce. El sabor dulce le indica al niño una fuente de energía rápida, que fue clave en la evolución de la especie humana. Además, los dulces agradables al paladar estimulan el centro de recompensa del cerebro, provocan sensaciones positivas y bienestar psicológico. Al mismo tiempo, es importante tener en cuenta que los azúcares se absorben rápidamente, lo que provoca un aumento brusco de la glucosa en sangre. A corto plazo puede mejorar el ánimo, pero después sigue una caída de energía y puede traducirse en irritabilidad, cambios de humor o cansancio.
Un exceso de azúcar en la dieta, especialmente en la infancia, puede tener efectos negativos a largo plazo sobre la salud. Demasiado azúcar provoca caries en los niños, favorece la obesidad y más adelante puede causar, por ejemplo, diabetes, hipertensión u otras enfermedades crónicas.
Por lo tanto, está claro que los dulces deben consumirse con moderación. Sin embargo, prohibirlos por completo rara vez es la solución. Es mucho más eficaz regular el consumo de dulces, abordarlo con responsabilidad y enseñar a los niños a elegir de forma adecuada y saludable.
¿Cuáles son los límites recomendados de azúcar para los niños?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el azúcar añadido no supere el 10 % de la ingesta energética total diaria del niño. Idealmente, no debería sobrepasar los 25 gramos de azúcar al día, lo que equivale a unas 6 cucharaditas pequeñas.
Conviene recordar que el azúcar no se esconde solo en los dulces, sino también en muchos productos que consumimos habitualmente. En este grupo se incluyen, por ejemplo, bebidas azucaradas, cereales, yogures y otros alimentos en los que el azúcar añadido a menudo aparece de forma poco evidente en la lista de ingredientes.
Alternativas más saludables a los dulces: cómo elegirlas y cómo ofrecérselas a su hijo
A veces queremos complacer al niño, hacer su merienda más especial o llevar algo particular, por ejemplo, para un cumpleaños. Pero no tenemos por qué recurrir automáticamente a dulces repletos de azúcar y aditivos químicos: existen alternativas más saludables que también gustan a los niños. Es mejor optar por fruta, que contiene azúcares de forma natural, además de fibra y una variedad de vitaminas y minerales. Otra buena opción es hornear algo (incluso junto con el niño) y reducir de forma intencionada la cantidad de azúcar respecto a la indicada en la receta. Recomendamos comprar lácteos sin azúcar y endulzarlos en casa con fruta o mermelada.
Hoy en día, en las tiendas ya es habitual encontrar muchas alternativas saludables a los dulces convencionales. Por ejemplo, podemos encontrar barritas de muesli integrales, barritas sin azúcar añadido a base de frutos secos y fruta deshidratada, chocolate negro de calidad o dulces endulzados con edulcorantes naturales, como miel o sirope de dátiles.
De este modo, los niños pueden seguir disfrutando de dulces sin sobrecargar el organismo con cantidades excesivas de azúcar.
¿Cómo reducir el consumo excesivo de dulces en los niños?
Si su hijo consume dulces por encima de lo razonable, es momento de abordar la situación. ¿Pero cómo hacerlo? La clave es un cambio gradual, no una prohibición radical e inmediata. Una prohibición así solo generará frustración y el deseo contrario de consumir aún más dulces.
Identifique cuándo come más dulces su hijo: por ejemplo, por aburrimiento, por estrés o, por el contrario, en celebraciones o cuando visita a familiares. Céntrese en esas situaciones e intente abordarlas. Por ejemplo, si el niño merienda dulces frente al televisor, sustituya ese hábito por una merienda más saludable. También es recomendable limitar la compra de dulces: si el niño no los tiene a su alcance, tampoco los comerá.
Involucre también a los niños en la planificación y preparación de las comidas: déjeles elegir la fruta en la tienda o preparen juntos una merienda sin azúcar. Así aprenderán que existen opciones sabrosas que pueden sustituir el consumo de golosinas.
Por último, predique con el ejemplo y consuma dulces con moderación. Sus propios hábitos alimentarios son una excelente vía para mejorar la alimentación de sus hijos.
No es necesario prohibir por completo los dulces, pero sí es importante enseñar al niño a ser consciente de qué come y por qué lo come. Así establecerá en el niño un patrón de alimentación saludable.