Un niño a veces se enfrenta a dificultades, ya sea en la escuela, en casa o en su grupo de iguales. Algunas de estas situaciones se resuelven por sí solas, pero hay situaciones en las que la terapia profesional podría ayudar al niño.
¿Cuándo realmente vale la pena acudir a profesionales?
Distinguir entre las manifestaciones típicas del comportamiento infantil y aquello que puede indicar un problema más profundo no siempre es sencillo. Aunque los niños crecen y se desarrollan a ritmos distintos, un cambio negativo y persistente en la conducta, en sus emociones o en el rendimiento escolar puede señalar un problema relacionado con la salud mental o el desarrollo.
Un cambio en el estado de ánimo puede ser consecuencia de experimentar estrés, miedo o ansiedad. Observe al niño con más atención. Compruebe si las manifestaciones de ansiedad, tristeza o agresividad se repiten a menudo, sin motivo aparente o si persisten durante más tiempo.
Lo mismo ocurre si el niño cambia de repente su comportamiento en la escuela. Un empeoramiento del rendimiento, enfermedades frecuentes o rechazo a acudir al grupo pueden indicar no solo dificultades académicas, sino también problemas psicosociales, por ejemplo con sus iguales o con personas adultas.
Si observa cambios duraderos, no dude en acudir al psicólogo escolar, a un psicólogo infantil o a otro profesional del ámbito de la salud mental infantil.
¿Qué señales hay que observar?
Una de las señales más frecuentes de que la terapia es necesaria es el aumento del nerviosismo o la ansiedad del niño. Si el niño experimenta con regularidad miedos intensos, teme separarse de sus padres o le atormentan las pesadillas, conviene consultar a un psicólogo. Un profesional identificará causas más serias de la ansiedad y aconsejará cómo abordarlas.
También puede ser preocupante una conducta agresiva o, por el contrario, un comportamiento marcadamente distante e introvertido. Fíjese si el niño de repente se aísla de sus amigos, pierde intereses anteriores o, por el contrario, se comporta de manera desproporcionadamente agresiva o iracunda ante el más mínimo estímulo.
Cualquier cambio en el patrón de sueño, como el insomnio, tardar mucho en conciliar el sueño o tener pesadillas frecuentes, también puede ser una señal. Si estos síntomas duran más de unas semanas o incluso empeoran, es momento de acudir a un psicólogo infantil.
¿Cómo proceder cuando descubra que su hijo necesita terapia?
Si descubre que su hijo probablemente necesita terapia, no lo posponga. Explíquele con sensibilidad que acudir a un profesional es algo normal y que muchos niños a veces necesitan ayuda. Subraye que el terapeuta está ahí precisamente para ayudar al niño a manejar mejor aquello que le preocupa.
La primera visita al terapeuta suele ser principalmente de toma de contacto. El terapeuta evalúa el estado actual y le propondrá una estrategia para continuar con la colaboración. No olvide que una terapia exitosa requiere la colaboración de los padres y del niño con el especialista.
Lo ideal es que el terapeuta ofrezca también consultas para los padres o que involucre activamente a la familia en el proceso.
No espere a ver si las dificultades de su hijo “se resuelven solas”. Cuanto antes acuda a un profesional, más rápida puede ser la mejoría en el niño. Observe con atención y fíjese en las señales mencionadas. En cuanto detecte alguna de estas dificultades presentes de forma persistente, contacte con un terapeuta infantil.