Casi todos los niños, cuando son pequeños, sus padres les enseñan a nadar. La natación no solo es una actividad física y a los niños a menudo les encanta el agua; también es una medida de seguridad para que, en caso necesario, el niño no se ahogue y sepa desenvolverse en el agua. Pero, ¿cómo hacerlo?
1. Preparación para la natación
La preparación para nadar comienza con elegir el equipo adecuado. Unos bañadores de calidad y ayudas de natación, como manguitos, flotadores o churros, pueden ayudar a superar los primeros temores al agua. No olvides la preparación psicológica. Esto incluye, sobre todo, reducir el miedo al agua.
Elegir el lugar y el momento adecuados para la enseñanza es esencial. Lo ideal es una piscina con agua tranquila y un acceso seguro (con escaleras) para los niños.
2. Primeros pasos en el agua
Durante el baño puedes observar cómo se siente el niño en el agua. Si le gusta, aprender a nadar será más fácil. Los juegos y actividades para familiarizarse con el agua, como salpicar o atrapar juguetes, pueden ayudar al niño a superar sus temores. Cuando ve que el agua es divertida, gana valor para los siguientes pasos.
El miedo al agua es común y es importante aceptarlo. Nunca empujes al niño al agua a la fuerza. Un ánimo suave y la paciencia son mucho más eficaces.
3. Primeros intentos de natación
Las técnicas básicas de natación incluyen flotación y pataleo. El niño debería ser capaz de ponerse boca arriba y permanecer tranquilo. Esta postura básica proporciona una sensación de estabilidad. Todo con la asistencia de un adulto.
Después puedes darle un flotador o manguitos y dejar que patalee y haga movimientos circulares con los brazos en el agua, como en el estilo braza.
4. Habilidades más avanzadas
Ayuda al niño con los movimientos de piernas y brazos en el agua. Anímalo a imitar "patadas de rana" o movimientos de aleta. Empieza con distancias cortas, por ejemplo, de un borde de la piscina al otro.
Usa un churro o tu propio apoyo para mantener al niño a flote. Anímalo a no tener miedo y a seguir avanzando. Si te sientes con confianza, puedes quitarle el flotador o los manguitos e intentar que nade un poco por sí solo. Mantente siempre cerca para poder sostenerlo y ayudarlo si es necesario.
Corrige gradualmente sus movimientos del aleteo de brazos y piernas a movimientos circulares que lo mantengan más tiempo sobre la superficie. También puedes mostrarle tú mismo el movimiento.
Consejo: Te recomendamos enseñar al niño a nadar, por ejemplo, durante las vacaciones, cuando tienes acceso a la piscina a diario. Es importante practicar con suficiente frecuencia.
5. La importancia de los cursos de natación
Si quieres ayuda profesional con la enseñanza, vale la pena invertir en un curso de natación y un instructor. Presta atención a la cualificación del instructor y al ambiente de la clase. En el curso también pueden enseñar estilos más técnicos, como el crol.
Recuerda que la paciencia y el apoyo de los padres son clave. Nadar es una habilidad para toda la vida que sin duda le será útil.