Independientemente del motivo de este cambio, siempre es un nuevo comienzo, que puede resultar exigente para el niño desde el punto de vista psicológico.
Una buena adaptación al nuevo entorno escolar depende de varios factores: desde tomar la decisión adecuada, la preparación del niño y la elección del centro, hasta manejar las primeras semanas y meses.
¿Cuándo y por qué considerar el cambio a una nueva escuela?
El motivo más habitual suele ser la mudanza. Otro motivo frecuente del cambio son los persistentes problemas de adaptación del niño en la escuela de origen, el acoso escolar o relaciones interpersonales complejas, cuando los padres quieren garantizar un mayor bienestar emocional para su hijo.
Antes de decidir, valoren la situación actual del niño en la escuela: cómo le va académicamente, qué relaciones mantiene con sus compañeros y cómo gestiona emocionalmente la asistencia escolar. Analicen también con detenimiento si el cambio aportará realmente una mejora. En especial los niños mayores pueden ser más sensibles a los cambios.
La edad del niño es otro aspecto. Por ejemplo, los niños de menor edad escolar suelen llevar mejor los traslados porque entablan contacto con mayor facilidad y se adaptan a los cambios con más rapidez. Los adolescentes pueden afrontar la nueva situación con mayor dificultad; suelen vivir los cambios con gran intensidad, sus vínculos sociales son fuertes y pueden percibir el cambio de forma más dolorosa.
Qué tener en cuenta antes de la decisión final
La elección de una escuela adecuada es un factor clave para un traslado exitoso. El primer y más importante criterio es la atmósfera del centro, el estilo de enseñanza y el enfoque del profesorado. Si el niño es más sensible y necesita un trato individualizado, den prioridad a una escuela pequeña con clases reducidas. Para un niño enérgico al que le encanta el grupo, puede ser más adecuada una escuela grande con amplias opciones de actividades extraescolares.
Pasos que los padres deberían dar antes del inicio
Comuniquen la decisión con sensibilidad y con suficiente antelación. Aseguren al niño que puede expresar sus sentimientos, temores o preguntas. Lo más importante es la apertura y el respeto hacia las emociones del niño.
Involucrar al niño en el proceso de elección de la nueva escuela ayuda de forma significativa a reducir su inseguridad. Visiten juntos el nuevo centro, hablen de antemano con el profesorado, presenten al niño al menos a su futuro profesor tutor. Así el niño tendrá una idea concreta y se sentirá más seguro.
Mantengan con el niño conversaciones concretas sobre el cambio. Pregúntenle por sus temores, pero también qué le podría gustar de la nueva escuela; asegúrense de que comprenden sus emociones. Con los más pequeños funcionan bien los relatos positivos sobre los cambios o libros con historias sobre el comienzo de la escolaridad.
Cómo ayudar a gestionar los primeros días y semanas
Es normal que las primeras semanas puedan ser exigentes. Al principio el niño puede estar cansado, irritable o retraído. La paciencia y la comprensión son fundamentales: la clave es su apoyo estable. Denle al niño tiempo suficiente para adaptarse.
Si al niño le cuesta hacer nuevas amistades, propongan opciones para integrarse en actividades extraescolares y clubes deportivos que le ayuden a ampliar su círculo de amigos.
Cómo vive el niño el cambio
El niño puede percibir este cambio como la pérdida de la seguridad que tenía, lo que puede desencadenar toda una paleta de emociones: desde tristeza y ansiedad hasta ira o resistencia. Las reacciones de cada niño pueden ser específicas, por lo que es conveniente que los padres observen con sensibilidad y empatía cómo está gestionando la situación a nivel psicológico.
Un sentimiento típico con el que el niño debe lidiar es la tristeza por separarse de los amigos y del entorno conocido. Aquí es clave que los padres le den espacio para expresar abiertamente sus emociones. No obliguemos al niño a aceptar de inmediato la nueva realidad con entusiasmo. Permitámosle hacer duelo, si lo necesita, para cerrar de forma efectiva la etapa anterior. A algunos niños puede ayudarles una despedida simbólica de la antigua escuela o de sus compañeros, por ejemplo, organizando un pequeño encuentro con amigos o creando un álbum de recuerdos.
Fomenten actividades que tengan un efecto positivo en la salud mental del niño, como el deporte o las actividades artísticas. Estas actividades le ayudan a liberar el estrés y, a la vez, le brindan la oportunidad de ganar una nueva confianza en sí mismo. Incluso pequeños rituales en casa —por ejemplo, cenar juntos a diario o mantener una breve conversación antes de dormir— pueden darle al niño la sensación estable de que el mundo a su alrededor está en orden y que su familia sigue a su lado.
Si observan dificultades prolongadas, como tristeza persistente, cambios de humor, problemas con la alimentación o el sueño, es recomendable no dudar y buscar ayuda profesional.
Recuerden que el cambio es una parte habitual de la vida y, a pesar de los problemas iniciales, siempre trae consigo nuevas opciones y oportunidades. Si en este momento están en pleno proceso de traslado de su hijo a otra escuela, les deseamos mucha paciencia.