Envío gratis desde 149,00 €
Todos los artículos

Armonizar la crianza en pareja sin discusiones ni estrés

Las diferencias de enfoque educativo entre los padres son una de las fuentes de conflicto más habituales en la crianza. Cada progenitor parte de experiencias distintas, de ideas y valores diferentes, lo que a menudo conduce a discrepancias y malentendidos. Mientras que uno de los padres prefiere límites claros y disciplina, el otro puede inclinarse por una crianza más liberal basada en una mayor libertad para los niños. Aunque la diversidad de opiniones es saludable, las diferencias marcadas en la crianza pueden provocar inseguridad y confusión en los hijos y, además, repercutir negativamente en la relación de pareja.

Quizá tienen la sensación de que el otro miembro de la pareja es demasiado indulgente y le permite al niño absolutamente todo o, por el contrario, que es innecesariamente estricto.

¿Por qué es importante armonizar los enfoques de crianza para los hijos y para la pareja?

¿Por qué esforzarse por un enfoque unificado en la crianza? Los niños necesitan límites firmes y orden; no un control excesivo, pero desde luego tampoco un comportamiento caótico por parte de los padres.

Si como pareja tienen enfoques diferentes, el niño pronto descubrirá que la misma situación puede generar respuestas distintas. El resultado es que se sentirá inseguro y confundido, lo que puede derivar en ansiedad y estrés. Las opiniones divergentes sobre la crianza también pueden llevar a problemas entre los propios padres. Si la pareja no dialoga y no es capaz de encontrar soluciones, pueden aparecer discusiones frecuentes y sentimientos de agravio. Esto supone un riesgo serio para la relación en sí.

Además, es importante comprender que los niños muy pronto descubren qué funciona con cada progenitor y empiezan a manipular en su propio beneficio. Esto conduce a la frustración de los padres. Un enfoque unificado permite una comunicación clara hacia el niño, que es la mejor manera de evitar estas situaciones incómodas.

Los estilos de crianza más comunes

Para poder unificar los enfoques de forma armoniosa, primero tenemos que comprender qué tipos de estilos de crianza existen. Con mayor frecuencia se mencionan cuatro estilos básicos: autoritario, democrático, permisivo y negligente.

El estilo autoritario pone el mayor énfasis en la obediencia del niño. Es típico el carácter estricto, la jerarquía y las reglas claras, así como los castigos. Por el contrario, la crianza democrática se comunica abiertamente con el niño, establece las reglas conjuntamente y en general es más afectuosa, con mayor énfasis en el diálogo. El estilo permisivo ofrece al niño un alto grado de libertad; el progenitor procura intervenir lo menos posible. En cambio, el progenitor negligente no dedica al niño suficiente tiempo, interés ni apoyo.

Para poder alinearse mutuamente en la crianza, cada uno debería, por separado, describir cómo ve su propio enfoque de crianza. Consideren hasta qué punto priorizan la libertad del niño o, por el contrario, la necesidad de control. Después, conversen juntos sobre qué estilos se ajustan mejor a ambos y por qué.

Recuerden, sin embargo, que los enfoques extremos, ya sea de severidad o de permisividad, no son la mejor opción. Muchos especialistas coinciden en que la combinación ideal es un enfoque democrático complementado con reglas y límites aplicados de manera sensible.

¿Dónde surgen los desacuerdos más comunes en la crianza y cómo prevenirlos?

Los padres suelen discrepar en cuestiones de sueño de los niños, formas de castigos y recompensas, alimentación, uso del tiempo libre o relación con la familia extensa (por ejemplo, abuelos que a menudo influyen en la crianza). 

Identifiquen cuándo y dónde aparecen los puntos de fricción en su caso. Elaboren una lista de los aspectos más problemáticos de la crianza y busquen luego soluciones constructivas para cada uno. Si los desacuerdos persisten y no logran ponerse de acuerdo, no duden en recurrir al consejo de un psicólogo infantil, pediatra o asesor en crianza. 

Recuerden que los desacuerdos que no se resuelven a tiempo pueden dañar las relaciones a largo plazo. Además, le dan al niño la oportunidad de aprovechar sus diferencias de opinión en su propio beneficio. Y eso no es deseable.

¿Cómo comunicar sobre los enfoques de crianza de manera constructiva y sin discusiones?

La comunicación es uno de los aspectos más importantes a la hora de armonizar enfoques de crianza diferentes. Saber hablar de la crianza de forma constructiva y serena es una habilidad que vale la pena cultivar. Es fundamental el respeto mutuo. Cada padre trae experiencias de su propia infancia que influyen en su visión de la crianza. Pregúntense mutuamente por qué cada uno percibe algunas situaciones de manera distinta e intenten comprender sus motivos y emociones. Respeten a la otra persona, aunque no estén de acuerdo de inmediato.

Además, recomiendo usar 'mensajes en primera persona' en lugar de críticas y acusaciones. Por ejemplo, en vez de afirmar 'siempre eres demasiado blando y los niños no te obedecen', digan mejor: 'Siento que, si no establecemos límites claros, los niños luego están innecesariamente desobedientes. ¿Qué piensas?'. Este modo de comunicación evita respuestas defensivas y les ayuda a ambos a hablar abiertamente.

Consejo: Elijan el momento adecuado para dialogar. Eviten debatir en caliente durante un conflicto o en situaciones en las que el niño esté presente. Busquen un espacio y un momento de calma para conversaciones más serias. 

Pasos prácticos para alinear enfoques de crianza diferentes

Elaboren juntos una lista de normas y valores fundamentales que desean transmitir a sus hijos. Cada miembro de la pareja debería definir con claridad sus prioridades y proponer ideas concretas sobre los límites comunes. Traten de mapear la mayor cantidad posible de situaciones en las que a menudo se producen choques. Por ejemplo: la rutina para irse a dormir, el baño, la alimentación, el cumplimiento de tareas domésticas o las reglas sobre tecnologías (tiempo de pantalla, uso del móvil, etc.). 

Es probable que surja alguna situación en la que uno de los miembros no respete las reglas establecidas. En ese caso, no aborden el problema delante del niño; hablen más tarde en privado. 

¿Qué hacer cuando los enfoques de crianza difieren de forma radical y no es posible llegar a un acuerdo?

Por desgracia, puede darse el caso de que sus opiniones y valores respecto a la crianza sean radicalmente distintos y que la comunicación por sí sola no aporte los resultados deseados. En esos momentos es muy conveniente buscar apoyo de una tercera parte – un terapeuta familiar experimentado, un asesor o un psicólogo infantil. Estos profesionales ofrecen una mirada independiente y objetiva de la situación y ayudan a encontrar soluciones rápidas y funcionales.

La tarea de un orientador familiar no es decidir por ustedes, sino mostrarles diferentes opciones, posibles compromisos y favorecer el entendimiento mutuo. A veces bastan unas pocas sesiones para clarificar qué es realmente importante y cómo trabajar juntos para mejorar las relaciones en la familia. 

La unificación de los enfoques de crianza está entre las tareas más importantes y responsables de los padres. No siempre es fácil, especialmente si tienen opiniones diferentes. Aun así, vale la pena dedicar tiempo y energía al diálogo y a la búsqueda de compromisos. Una comunicación adecuada, el respeto mutuo y la voluntad de ceder son la clave del éxito.